Estoy a punto de cumplir… muchos años y llevo ya 36 ejerciendo la abogacía, y, con el tiempo, he aprendido algo que no tiene vuelta atrás: esta profesión deja huella. Y no hablo solo de las canas o del paso de los años, sino de cómo te cambia la forma de ver las cosas. De cómo acabas entendiendo mejor a las personas -para lo bueno y para lo malo-, los conflictos… y lo que significa estar al lado de alguien cuando realmente lo necesita.
Hoy quería compartir una reflexión personal. Muchas veces siento que hay cierta distancia entre lo que hago cada día en el despacho y la imagen que puede tener quien viene a verme. Quizá estas líneas sirvan para acercar un poco ambas realidades.
Tu problema es importante. Mi trabajo es mirarlo con perspectiva.
La mayoría de las personas que cruzan la puerta de mi despacho no lo hacen en un buen momento. Siempre digo que nunca me ha llegado alguien para que le asesore qué hacer porque le ha tocado la Primitiva. Llegan con una preocupación que lo ocupa todo. Y es normal, nos pasa a todos: cuando algo nos afecta de verdad, cuesta ver más allá.
Ahí es donde entra el abogado. Mi trabajo consiste en mirar ese mismo problema desde otro sitio, con más distancia. Los años -y también los errores- me han dado algo que al principio no tenía: perspectiva. He visto muchos casos parecidos, sé dónde suelen complicarse las cosas y qué caminos suelen funcionar mejor.
A veces esa manera de estar más tranquilo puede parecer frialdad. Pero no lo es. Es justo al revés: es la calma que te da saber por dónde puede venir el problema. La experiencia no hace que éste sea menos importante; lo que hace es ayudar a ordenarlo y convertirlo en una estrategia.
Por qué no siempre puedo coger el teléfono al momento
Esto es algo que entiendo perfectamente. Si tienes un problema legal, lo que quieres es que te atiendan rápido. Y sentir que tu abogado está ahí.
Pero la realidad de un despacho es otra. Gran parte de nuestro trabajo no se ve. Son horas y horas de leer documentación, preparar escritos, revisar detalles, buscar jurisprudencia… trabajo que exige concentración y tranquilidad.
Por eso cuido mucho los horarios de consulta. No es por comodidad, es por responsabilidad. Necesito esos tiempos para hacer bien mi trabajo. Si no respondo en el momento, lo más probable es que esté centrado en otro asunto que también lo requiere. Igual que lo estará el tuyo cuando le toque.
Los abogados también tenemos vida personal: problemas familiares o de salud, y la necesidad, como cualquier otra persona, de desconectar. Sin embargo, cada vez es más habitual que ese espacio se ignore por completo. No es aceptable que, mientras estás tomando un café, comiendo con tu familia o amigos o descansando (y desconectando) el fin de semana, un cliente se acerque -o incluso te busque expresamente- para hablar de su asunto. Peor aún resulta que, en situaciones personales delicadas, la única respuesta sea: “de acuerdo, pero ¿cuándo nos vemos para lo mío?”. He llegado a ser abordado en un tanatorio para una consulta jurídica. Eso no es solo una falta de educación: es una absoluta falta de empatía.
La justicia no es cuestión de promesas
Después de tantos años, hay algo que tengo muy claro: nadie serio en esta profesión puede garantizar un resultado.
Ojalá fuera así de sencillo. Pero el Derecho no funciona de esa manera. Hay matices, interpretaciones, decisiones de los tribunales… y factores que escapan al control de cualquiera.
Por eso prefiero ser claro desde el principio. No prometo ganar un caso porque sería poco honesto. Lo que sí prometo es estudiarlo a fondo, defenderlo con rigor y poner toda mi experiencia al servicio de la mejor solución posible.
Seguir aprendiendo también va con el oficio
A veces se piensa que, después de tantos años, ya está todo visto. En mi caso, no es así en absoluto. El Derecho cambia constantemente. Y, además, estamos viviendo un momento de transformación tecnológica importante. La abogacía no es ajena a eso.
Yo, por ejemplo, estoy dedicando tiempo a entender cómo puede ayudarnos la inteligencia artificial en el día a día. No para sustituir lo esencial -escuchar, entender, tener criterio-, sino para trabajar mejor: ser más ágil, más preciso, más eficiente.
Sigo estudiando, sigo aprendiendo y sigo adaptándome. Porque en esta profesión, si te paras, te quedas atrás.
Gracias por tu confianza
Después de 36 años, sigo tomándome cada asunto con la misma seriedad que el primer día. La diferencia es que ahora lo hago con mucha más experiencia.
Mi despacho sigue siendo eso: un lugar donde la experiencia y las herramientas actuales se combinan para un objetivo muy sencillo… ayudarte de la mejor manera posible y acompañarte con cercanía, honestidad y compromiso en todo el proceso.
OTRAS ENTRADAS
El presente contenido tiene carácter informativo y divulgativo y no constituye asesoramiento jurídico o fiscal personalizado.
